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Se disfrazó en el Comic-Con. Predicó ante gallinas. Él es el John Lewis que no conocías

Posted September 22, 2020 7:53 p.m. EDT

— (CNN) – Puedes hablar con quien sea que haya conocido a John Lewis, sin importar por cuanto tiempo y de alguna u otra manera escucharás la historia de él predicando a sus gallinas.

Va más o menos así: Lewis era un tímido y tartamudo niño negro quien estaba determinado a predicar mientras crecía en la zona rural de Alabama durante la era de Jim Crow. Practicaba su vocación yendo al gallinero de la granja de su familia y dando sermones a su cautiva bandada.

Lewis —a quien su familia llama Robert, su segundo nombre— creció tan ligado a su emplumada congregación que encabezó bodas de pollos, bautizos incluso celebró sus funerales. Cuando sus pollos no estaban disponibles para los servicios, acorralaría a sus pequeños hermanos y primos para sermonearlos. Ellos lo apodaron el “Predicador”.

El congresista de Georgia, cuyo distrito incluye Atlanta, ha contado la historia de las gallinas tantas veces que cuando un amigo lo invito a pronunciar unas breves palabras en una reunión de líderes de derechos civiles, él advirtió a Lewis en broma.

“Se lo advertimos: ‘Olvídate de los pollos, ya lo hemos escuchado’”, afirmó Larry Rubin, un exsecretario de campo del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC, por sus siglas en inglés), quien trabajó junto a Lewis. “Tienes solo 5 minutos, la historia de los pollos toma 10”.

El tiempo volvió a presionar al demócrata de abolengo, quien en febrero había cumplido 80 años. En diciembre del año pasado había sido diagnosticado con fase 4 de cáncer pancreático, uno muy agresivo que suele, en ocasiones, dar muy poco tiempo de vida a sus víctimas.

Lewis es irremplazable. Era el único orador sobreviviente de la marcha del 63 en Washington. Estuvo al frente de las campañas más peligrosas en la época por la lucha de los derechos civiles: protestas y tomas estudiantiles, las manifestaciones por la libertad y, por supuesto, el destacado momento en 1965 en el puente Edmund Pettus en Selma, Alabama, donde Lewis y otros manifestantes fueron atacados por la policía estatal con fustas y garrotes.

El lugar de Lewis en la historia ha sido tan bien documentado que es complicado encontrar algo nuevo que decir sobre él, a menos que se converse con las personas que lo conocen de tiempo atrás.

A continuación, mostramos algunas de las anécdotas favoritas de Lewis, además de una joya contada por un periodista que cubrió la inauguración de Barack Obama.

Obama, Bush y Clinton despiden a John Lewis 1:21

Disfrazado en la Comic-Con

Lewis era a menudo retratado como una voz solemne de conciencia, pero sus amigos dicen que sabía cómo divertirse. Describen a un hombre que empezaba a bailar coreografías cursis, quien cantaba Lean on me en las fiestas e incluso alguien que hacía cosplay (disfrazarse).

En 2015, Lewis asistió a la Comic-Con de San Diego para promocionar su serie de novelas gráficas: “March”, una de las cuales ganó el Premio Nacional del Libro. Pero no quiso solo asistir a la convención, dijo Andrew Aydin, coautor de “March” y uno de consejeros de Lewis. “Quiero disfrazarme”, le dijo en su momento a Aydin.

El disfraz de Lewis era una réplica de lo que había vestido en el puente de Edmund Pettus: gabardina, una mochila con dos libros, un cepillo y pasta de dientes. Aydin, un declarado fanático del cómic, dijo que Lewis rápidamente se metió en el espíritu del Comic-Con, incluso aunque no conocía a todos los personajes.

—“¿Quién ese ese?”, preguntó Aydin mientras pasaba un asistente con abundantes patillas y navajas en sus manos.

—“Señor, ese es Wolverine”.

—¿Y ese?

—“Ese es el increíble Hulk?

En el panel del Comic-Con algo inesperado sucedió. Un grupo de estudiantes de primaria, de distinto origen, vinieron a escuchar a Lewis. Después de la charla, Lewis decidió unirse a ellos y organizar una marcha improvisada en el pasillo.

Para cuando llegaron a la zona de exhibiciones, Lewis encabezaba una fila de unos 1.000 manifestantes. Algunos espectadores estaban al borde de las lágrimas cuando lo vieron pasar. La novela gráfica había dado a conocer a Lewis a otra generación.

“Caminaba por los pasillos y los mares simplemente se abrieron”, dijo Aydin. “Parecía que era la primera vez que la gente veía a un héroe de verdad”.

Cruzó el pasillo para abrazar a un rival

La personalidad pública de algunos líderes de los derechos civiles no coincidía con la forma en que actuaban detrás del escenario cuando pocos miraban. Algunos eran famosos por sus egos, mezquindad y su trato denigrante hacia las mujeres.

Sin embargo, ninguno de esos señalamientos surgía cuando la gente hablaba de Lewis. “Lo llamamos el ‘Martin Luther King De Lawd’”. “Llamamos a Lewis el ‘Santo’”, afirma Rubin. “John Lewis era John Lewis en todas las circunstancias”.

Muchos de los enemigos políticos de Lewis también hablaban muy bien de él.

Cuando Johnny Isakson, el senador republicano por Georgia fue condecorado en noviembre de 2019 antes de su retiro, Lewis le rindió un emotivo homenaje en el pleno de la Cámara.

Cuando terminó de hablar, Lewis dijo: “Iré a verte, hermano”. Se dirigió cautelosamente a Isakson, quien lidiaba con algunos problemas de salud, los dos se abrazaron. “Ojalá todo Estados Unidos estuviera aquí para ver esto”, dijo después el representante estatal Austin Scott.

Cuando la hija de George Wallace lo hizo llorar

Lewis tuvo otro delicado abrazo para la hija de uno de sus acérrimos enemigos: George Wallace, el gobernador segregacionista de Alabama.

Cuando Peggy Wallace Kennedy fue invitada en 2009 a Selma para cruzar el puente Edmund Pettus junto a líderes de los derechos civiles, ella se encontraba sola en un salón mientras otros dignatarios conversaban. Lewis se acercó a ella.

“Vio a esta persona que estaba nerviosa y parecía inestable, se acercó y le dijo: “Soy del condado de Pike”, declaró ella a CNN. Mientras los líderes de los derechos civiles se levantaban para la marcha conmemorativa, Lewis le dijo a Kennedy: “Bueno, hermana, es momento de moverse”. Lewis tomó su mano en todo momento.

Varios años después, cuando regresó a Alabama para hablar en otro evento conmemorativo de los derechos civiles, Lewis estaba en el escenario con ella.

Cerca del final de su discurso, se dirigió a Lewis y recordó que Lewis no había sido reconocido por su difunto padre cuando era gobernador de Alabama.

“Pero hoy como su hija, y a título personal, quiero hacer por ti lo que mi padre debió hacer: reconocerte por tu humanidad y dignidad, como hijo de Dios, como persona de buena voluntad y carácter y como compañero de Alabama y decir: bienvenido a casa”.

Lewis se levantó, caminó hacia ella y le tomó las manos.

—“¿Por qué siempre me haces llorar?”, asegura ella que Lewis le dijo.

—“Hermano, no es mi intención”.

—“Pero, hermana, siempre lo haces”.

Años más tarde, la emoción en la voz de Kennedy sigue siendo evidente por ese encuentro. Ella recientemente escribió sobre Lewis en sus memorias “The Broken Road”.

“Él no tiene un hueso que no sea digno de ser amado en su cuerpo”, dice hoy.

En el pecho tenía las cicatrices de muchas batallas

Lewis pudo no haber sido el líder más elocuente o físicamente imponente, pero se ganó el respeto por algo más: dureza. La gente recuerda cómo parecía llegar a todas las reuniones de derechos civiles con vendas en la cabeza porque lo golpeaban mucho.

“La gente piensa en Lewis como tierno y todo eso, yo digo que me gustaría ver cuantos de esos serían lo suficientemente valientes para lidiar con la omnipresencia de la segregación y enfrentarse a ella y plantarse frente a ella cuando eso significa que pateen el trasero”, afirma Courtland Cox, uno de los líderes del SNCC.

Lewis literalmente llevaba los golpes en su pecho. Cada vez que un trabajador del SNCC participaba en una campaña recibía prendedores o insignias. Eran como cintas de batalla para los soldados, dice Cleveland Sellers, otro colega del SNCC. Lewis tuvo más que nadie, dijo Sellers.

“Las personas que habían hecho algo o habían demostrado que eran valientes y dispuestas a comprometerse, obtenían las insignias”, agrega Sellers. “La gente sabía quién era Lewis, la gente respetaba su historia”.

La reputación de Lewis por asumir riesgos era tan conocida que algunos de sus amigos no podían imaginar un futuro para él, afirma Bernard Lafayette, un compañero de habitación de Lewis en la universidad y colega en el movimiento de protestas. “Me sorprende que haya sobrevivido”.

Una vez le pidió un autógrafo a Barack Obama

Lewis tuvo la oportunidad de ver cumplido uno de sus deseos más profundos cuando en 2008 Estados Unidos eligió a su primer presidente negro.

De acuerdo con el periodista David Remnick del medio The New Yorker, Lewis le dijo a un visitante a su oficina en la Cámara, el día antes de la toma de posesión del presidente Obama en enero de 2009: “Barack Obama es lo que viene al final de ese puente en Selma”.

En un almuerzo después de la ceremonia de juramento, Lewis se acercó a Obama con una foto conmemorativa y le pidió un autógrafo. Obama escribió: “Es por ti, John. Barack Obama”.

6 años después, los dos hombres se tomaron de la mano mientras marchaban por Selma para conmemorar el 50 aniversario de ese sangriento momento de la historia.

Quizás sea el último en su tipo

Lewis ya no predicara ante sus gallinas. Y nunca se convirtió en el predicador que pretendía. Pero sí se convirtió en un puente del optimismo en una era menos partidista.

Es esa rara figura política conciliadora que inspira respeto entre la izquierda y la derecha, alguien que puede llamar “hermano” a sus enemigos políticos sin que prácticamente nadie cuestione si lo dice en serio. Sin embargo, aquí hay una idea que es casi tan inquietante como contemplar la salida de Lewis del escenario nacional: puede que él sea la última figura de este tipo que veamos en nuestra vida.

CNN en Español presenta el especial John Lewis: buenos problemas este domingo 27 de septiembre a las 9 de la noche (hora Miami).

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