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OPINIÓN | Un país no es una empresa

Posted August 21, 2020 11:35 a.m. EDT

— Nota del editor: Pedro Brieger es un periodista y sociólogo argentino, autor de varios libros sobre temas internacionales y colaborador en publicaciones de diferentes países. Es profesor de Sociología en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Director de Nodal, un portal dedicado a las noticias de América Latina y el Caribe. Es columnista de TV en el canal argentino C5N y en el programa «En la frontera», de PúblicoTV (España) y en programas de las estaciones argentinas Radio 10, La Red, La Tribu y LT9-Santa Fe. A lo largo de su trayectoria, Brieger ha ganado importantes premios por su labor informativa en radio y televisión argentinas. Su cuenta en Twitter es @PedroBriegerOk. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Ver más artículos de opinión en cnne.com/opinion

(CNN Español) — El economista Luis Abinader asumió la presidencia de República Dominicana el 16 de agosto. Se suma así a la lista de empresarios devenidos en presidentes en América Latina y el Caribe, con el gran desafío de demostrar que también puede gestionar un Estado.

La región ya ha visto a varias personas exitosas en el sector privado que dieron el “salto” a la política, ámbito que durante décadas estuvo reservado a políticos de larga trayectoria en un partido con una ideología definida, o a los militares que tomaban el poder mediante golpes de Estado.  El “outsider”, como se suele denominar a alguien que no tiene una trayectoria política definida, ya no es una novedad en una región que incluso ha visto a un obispo -Fernando Lugo- convertirse en presidente de Paraguay.

En el año 2000, Vicente Fox fue presentado como el modelo  “del presidente empresario” -exitoso por su trabajo en Coca Cola- que llegaba para desplazar a los partidos tradicionales. Fox y quienes vinieron después -Sebastián Piñera en Chile, los panameños Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, Mauricio Macri en Argentina u Horacio Cartes en Paraguay, entre otros-, con sus diferencias y matices, resaltaban que eran la “nueva política”, la opción frente a la antigua corrupta y clientelar.

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Es interesante destacar que, tanto en los casos de Abinader y de Fox, como en la mayoría de estos empresarios que se vuelven políticos, cuentan con experiencia política previa antes de llegar a la presidencia. Sin embargo, atentos al desprestigio de la llamada “clase política”, suelen presentarse como figuras nuevas que reniegan de la política tradicional y resaltan su perfil de empresarios honestos y transparentes, de quienes se piensa que no van a robar pues ya son dueños de grandes fortunas.

Si bien es cierto que la aparición de Fox fue novedosa, ninguno de los empresarios devenidos en presidente se ha convertido en un referente regional ni puede mostrar grandes logros. Tal vez la excepción -hasta ahora- sea Piñera en Chile, que tuvo el mérito de conquistar el sillón presidencial por segunda vez (no consecutiva porque la legislación no lo permite), aunque su primera presidencia ha quedado eclipsada porque durante la actual hubo un estallido social y numerosos cuestionamientos a su manejo de la pandemia.

Mauricio Macri en la Argentina puede dar fe de lo difícil que es gobernar un país. En su intento por conseguir la reelección en 2019 fue ampliamente derrotado en la primera vuelta electoral y es uno de los pocos casos en los que un presidente latinoamericano que no logra la reelección, lo que representa un fracaso por donde se lo mire.

El éxito en los negocios no se traslada tan fácilmente a la política. Al menos es lo que muestran las experiencias latinoamericanas.

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