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OPINIÓN | Kamala Harris enfrenta desafíos únicos en el debate vicepresidencial

Posted October 6, 2020 11:31 p.m. EDT
Updated October 6, 2020 11:32 p.m. EDT

— Nota del editor: David Axelrod, comentarista político de CNN y presentador de «The Axe Files», fue asesor principal del presidente Barack Obama y estratega jefe de las campañas presidenciales de Obama en 2008 y 2012. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas. Ver más artículos de opinión en CNNe.com/opinion

(CNN) — Con pocas excepciones, los debates vicepresidenciales son como los actos de apertura en un concierto. Es decir, lo suficientemente entretenidos, pero no son lo que has ido a ver.

Sin embargo, debido a los sorprendentes acontecimientos de la semana pasada, el próximo debate puede tener más escrutinio e interés.

La hospitalización del presidente Donald Trump por covid-19 y la edad avanzada de ambos candidatos presidenciales (Trump tiene 74 años, Joe Biden, 77) han puesto la atención sobre la rapidez con la que los vicepresidentes podrían ser empujados al papel protagónico. La enfermedad de Trump llevó a que académicos y periodistas exploren públicamente la Vigesimoquinta Enmienda a la Constitución y lo que sucede cuando un presidente queda incapacitado.

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Y ese es el lente a través del cual los votantes podrían ver al vicepresidente Mike Pence y a la senadora de California Kamala Harris cuando suban al escenario en Utah en la noche de este miércoles. Sin duda, desempeñarán el papel tradicional de defensores de sus titulares. Pero también serán evaluados más seriamente que en el pasado como potenciales presidentes por derecho propio.

El momento único se verá reflejado, en parte, por el espacio adicional en el escenario y el plexiglás entre los candidatos, debido a las precauciones por el coronavirus. Y dada la reciente proximidad de Pence a Trump y a otros que se han infectado de covid-19, ambos candidatos presumiblemente harán lo que Trump no hizo la semana pasada: hacerse la prueba antes del debate. Es de suponer que la audiencia usará máscaras, algo que la comitiva de Trump evitó.

El debate también será histórico en otro aspecto, ya que por primera vez una mujer de color subirá al escenario del debate vicepresidencial. El contraste entre Harris, una californiana e hija de inmigrantes indios y jamaicanos, y Pence, una expresentador de programas de entrevistas blanco y evangélico de Indiana, definirá la gran y creciente división cultural en nuestra política.

Puedes apostar a que este evento será más educado que el calamitoso debate presidencial de la semana pasada, donde volaron los insultos y se destrozaron las reglas. Incluso si Pence y Harris tuvieran esa inclinación, el revoltijo en Cleveland fue tan criticado por los votantes y comentaristas que nadie está ansioso por repetir la actuación. La enfermedad del presidente también podría bajar la temperatura.

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Lo más probable es que Pence dé la versión más diplomática del debate de Trump, argumentado con más delicadeza pero aún enfocando a Biden como el buque de la «izquierda radical». Puedes esperar cuestiones familiares sobre temas como «la ley y el orden», pero un mayor énfasis en quién está mejor capacitado para liderar una recuperación económica. Este es el único gran tema en el que Trump y Biden comparten el apoyo de manera uniforme.

Harris llegará a promover a Biden y sus planes. Pero Pence probablemente tratará de usar el apoyo que ella dio en el Senado a temas de la lista de deseos progresista como el Medicare para todos y el Nuevo Acuerdo Verde (Green New Deal) para definir el boleto, obligándola a defender sus posiciones pasadas o abrazar la versión más moderada de Biden sobre los temas. Pence podría presionarla sobre el historial de Biden acerca de la raza y el ataque directo de ella contra él durante el primer debate demócrata de las primarias.

Conocida por sus incisivos interrogatorios de testigos en el Senado, Harris, una exfiscal, sabe cómo argumentar un caso.

Incluso antes de la enfermedad del presidente, era probable que el covid-19 y el manejo del mismo por parte del gobierno estuvieran en el centro del debate el miércoles. Pence ha presidido el grupo de trabajo del presidente sobre el coronavirus y tendrá que responder por el camino tumultuoso y a menudo contradictorio que ha tomado el mandatario para lidiar con el virus.

Pero Harris enfrenta desafíos únicos planteados por expectativas y prejuicios.

Biden se benefició de las bajas expectativas en el debate presidencial, que quedaron establecidas en gran medida por el incesante troleo de Trump que lo llama «Sleepy Joe» («Adormilado Joe»). Eso facilitó el trabajo de Biden.

Harris ingresa al debate en la posición inversa. Se espera mucho de la carismática senadora estadounidense, una hábil interlocutora que debatió con frecuencia durante su propia campaña por la candidatura demócrata.

También enfrenta el mismo doble estándar que afrontan las mujeres contendientes con respecto al tono cuando realizan ataques fuertes.

Pence, de bajo perfil, es subestimado como contendiente en los debates. Hace cuatro años, se le consideró ampliamente como ganador del debate vicepresidencial con el senador de Virginia Tim Kaine, durante el cual Pence detuvo hábilmente los ataques de Kaine contra Trump y lanzó los suyos contra Hillary Clinton.

Pero este debate vicepresidencial será diferente a cualquiera de los anteriores.

Los estadounidenses no solo estarán sopesando argumentos. Ahora, más que nunca, evaluarán de cerca a estos contendientes como posibles ocupantes de la Oficina Oval.

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