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OPINIÓN | Diego amó al fútbol más que ninguna otra persona

Posted November 26, 2020 3:50 a.m. EST

— (CNN Español) — Ha muerto Diego Maradona. La noticia es horrible. Triste. Y sigue siendo intolerable.

El mundo llora a la persona que más amó al fútbol. La relación entre Diego y la pelota es, sin dudas, la más virtuosa de su vida.  Hoy el planeta llora la muerte de una persona que transformó al fútbol en arte.

Cada uno de los fans de la Argentina y en el mundo tiene su momento favorito de Maradona. Alguna jugada con la Selección Argentina, todo México 86, en Nápoles, en Argentinos Juniors, en Boca, en Barcelona, en Sevilla, en un entrenamiento.

Diego amó al fútbol más que ninguna otra persona. Quizás hubo alguno que pudo haber jugado tan bien como él, Pelé, Di Stefano, Cruyff, Messi. Pero ninguno, les aseguro, amó tanto al fútbol como Maradona. Diego gritaba cada gol como si fuera el último de su vida. Y no me refiero solamente a los que marcó como profesional, en shows televisivos, en partidos con amigos. Diego se transformaba cuando hablaba de fútbol.

Tenía pasión, conocimiento o vocación por explicar. Hablaba de táctica, de técnica. Le tenía mucho respeto y mucho amor al fútbol. Inspiró a muchos chicos que hoy son cracks o que ya se retiraron, que en redes sociales han mostrado su tristeza. La lista es impresionante, desde Ronaldo, Cristiano Ronaldo, Tony Kroos, Raúl, Sergio Ramos, Iniesta, Drogba. Todos, absolutamente todos, cracks vigentes y pasados, han mostrado esta tristeza por la muerte de Maradona.

Sabemos perfectamente que no se trata de la muerte de un santo.

Diego cometió errores en su vida personal, tomó decisiones cuestionables y esas decisiones perjudicaron a mucha gente de su círculo íntimo, de su familia. Por suerte, el tiempo le permitió reparar algunos daños que provocó con esas decisiones. Lo tenemos perfectamente claro. Y pienso en esos degustadores de emociones que dicen «¿cómo puede ser que le estén dedicando tanto tiempo y expresen tanta tristeza por una persona que cometió tantos errores en su vida?».

En el documental de Asif Kapadia, una obra maestra del director inglés Asif Kapadia, que se llama «Diego Maradona», Fernando Signorini, el preparador físico de Diego, amigo de mucho tiempo, dijo una frase extraordinaria respecto de esta disociación entre Diego y Maradona.

Él le decía al Pelusa, al 10: «Yo con Diego voy a todos lados, pero con Maradona no voy ni a la esquina». Y Maradona fue ese personaje que construyó el propio 10 para defender a Diego. Y seguramente hay mucha gente más rigurosa con Maradona y menos rigurosa con su propio Diego y su propio Maradona, que todos tenemos en nuestras decisiones que tomamos más allá de nuestro trabajo.

Maradona hizo feliz a muchísima gente y no solamente a los argentinos por aquel título de México 86. Inspiró, contagió a muchos chicos, como les dije, llevó el fútbol a otra dimensión, pero así era también con otros deportes.

Diego admiraba a Michael Jordan, a Shaquille O’Neal, a Kobe Bryant, a Roger Federer. Se interesaba en discusiones de fútbol, tenis, boxeo, la NBA. Y en los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008, compartió muchos momentos con la delegación argentina que pedían una arenga de Maradona, sea el equipo de básquetbol que iba a jugar un partido por la medalla, las leonas de hockey sobre césped, que también buscaban colgarse un metal en aquel Juego Olímpico. Y Diego pudo disfrutar ese momento, digo, fue un embajador del deporte argentino.

¿Estábamos preparados para este día? No. Sabíamos que iba a llegar. Diego había coqueteado con la muerte en un par de episodios graves de los que pudo salir, en 2000 y en 2004. Casi que nos habíamos acostumbrado a ese certificado de inmortal, de provocar una dinámica de casi muerte y resurrección en apenas un año.

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Estuvo a punto de morirse en 2004. Bajó 30 kilos y condujo impecable la noche del 10, en 2005, un programa que se emitió por Canal 13. Y en ese programa hubo una producción de Maradona entrevistando a Maradona o Diego entrevistando a Maradona. Y éste es un diálogo. 15 años antes, premonitorio:

«-Si tuvieras que decir unas palabras desde el cementerio a Maradona, ¿qué le dirías?

-¿Qué le diría? Y no me preguntes eso a mí… Gracias por haber jugado al fútbol. Gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sí, pondría una lápida: gracias, gracias a la pelota.»

Cuatro años antes había dicho «la pelota no se mancha». En aquel partido de despedida en la cancha de Boca, donde terminó con la camiseta de Román Riquelme, jugando para la selección argentina.

Diego y la pelota mantuvieron una relación hermosa durante muchísimo tiempo y fue ese vínculo el que hoy termina uniendo a todo el planeta a la hora de la tristeza, de la perplejidad por la noticia de la muerte. Sabíamos que iba a llegar, pero no estábamos preparados.

Justo, además, en un contexto de pandemia y con redes sociales que hoy amplifican el sentimiento y que permiten ver, por ejemplo, cómo se le rinde tributo desde Juventus, Inglaterra, Napoli, Barcelona, a los equipos en los que jugó, los equipos contra los que jugó, los futbolistas que enfrentó, los futbolistas que lo vieron por televisión. No sólo se trata de esta generación ni la anterior, la de mis padres, sino también la de nuestros hijos, que no lo vieron jugar nunca a Maradona y, sin embargo, están tristes y nos abrazan y comparten nuestra tristeza, nuestro llanto.

Y hablando de vínculos, Diego se apoyó mucho en sus padres, en don Diego, ‘Chitoro’, y en Dalma, ‘doña Tota’, y los fue perdiendo en los últimos diez años. Diego fue viendo cómo esa relación con los padres primero se detenía a partir de la salud de sus padres y después, por supuesto, con la muerte.

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Y sintió, digo, en su momento, que las salidas tanto de doña Tota como de don Diego le arrancaron parte del alma. Y siempre fue el nene de mamá para doña Tota. Y Diego se perdió un baluarte muy importante, un respaldo con el que él contaba aún a los 40, 50 años, porque no importa si uno tiene 20, 30 o 40, a veces necesita ese momento de ser nene de mamá. Mi mamá murió, por ejemplo, hace cuatro años y la extraño todos los días y creo que todos en la vida queremos tener nuevamente ese momento de nene de mamá.

Los últimos cinco años lo habían mostrado muy delgado físicamente. Asumió un rol de entrenador cuando no estaba lo saludable como para ejercer una responsabilidad. Sí, más allá de que luego no se presentó a todos los entrenamientos, decisiones de su entorno lo alejaron de la familia, una pandilla terminó exprimiendo hasta la última gota como si fuera una naranja y ya no podía tomar decisiones, incluso después del hematoma subdural. Fue trasladado demasiado rápido a su casa cuando muchos médicos planteaban un posoperatorio en el establecimiento, más largo, y uno marca un gran contraste entre lo que fue Diego en 2014 y 2015 con el que fue durante los últimos 18 meses.

Si algo bueno tuvo el paso de Diego por Gimnasia y Esgrima La Plata fue que por lo menos pudo estar en canchas todavía con público. Se jugaba en la Argentina antes de la pandemia y se le rindieron tributos que al final terminaron siendo homenajes como agradecimiento a todo lo que Diego ha dejado.

Su muerte no cambia nada respecto del legado y el impacto de Diego en el fútbol. Ya era mito, ya era leyenda.

Quiero cerrar con una frase que José Mourinho, el hoy entrenador del Tottenham, que ya le ha rendido homenaje a Diego en su cuenta de Instagram, dice en un trabajo sobre Bobby Robson.

Mourinho dice: «Una persona en realidad muere cuando muere la última persona que lo quería. Teniendo en cuenta toda la gente que lo quiso y lo quiere a Diego, nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hijos, Diego Armando Maradona nunca morirá».

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