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El Partido Republicano está en guerra consigo mismo mientras traza su futuro pos-Trump

Posted January 26, 2021 8:27 p.m. EST

— (CNN) — Dentro del Partido Republicano está en marcha una guerra fría, a medida que sus miembros empiezan a explorar cómo encajan en el futuro el expresidente Donald Trump y su legado.

Algunos en el liderazgo del Congreso han manifestado su deseo de llevar al partido más allá de Trump acusándolo y condenándolo en el juicio político. Por otra parte, los aliados del expresidente le proclaman su lealtad en los medios conservadores y en las organizaciones del partido a nivel estatal y local. Mientras tanto, otros republicanos siguen temiendo el poder que pueda tener Trump en las primarias del partido o ven posibilidades electorales en abrazar una versión de su enfoque populista-conservador.

El resultado es un Partido Republicano en una lucha consigo mismo sobre quién determinará el camino a seguir. Y, lo que es más importante, a quién se debe mantener alejado de los hilos el partido. Por el momento, la unidad del partido está dando paso a las recriminaciones. Se trata de la culminación de una disputa de larga data entre las bases del partido y su liderazgo que en gran parte quedó en pausa durante la presidencia de Trump, cuando pocos republicanos se atrevían a enfrentarlo.

La amenaza de la división

«Los republicanos están entrando en una jungla y buscan desesperadamente señalar culpables», dijo Erick Erickson, comentarista conservador y locutor de radio. «Tendrán que hacerse espacio entre ellos o dejar que los demócratas los pasen por arriba en las elecciones intermedias», agregó.

La desunión podría presentar una amenaza más existencial para los republicanos. En sus últimos días en la Casa Blanca, Trump planteó la idea de iniciar un nuevo partido político, dijo a CNN un asesor de Trump. Mientras que otros a su alrededor descartaron este plan para lanzar un «partido patriota» como poco serio, el potencial de una división entre los votantes de centro derecha se cierne sobre los republicanos.

Erickson dice que la división en el partido no es solo filosófica sino literal, ya que ambas partes tienen sus propios reductos dentro de la infraestructura del Partido Republicano.

«En este momento, el establishment pre-Trump dirige en gran medida el brazo de formulación de políticas del partido, y el ala de Trump controla los brazos estatales del partido», dijo. «Eso no puede durar y que el partido gane», opinó.

Para el representante Adam Kinzinger, congresista de Illinois durante seis mandatos y uno de los únicos 10 republicanos de la Cámara de Representantes que votaron por el juicio político, el partido se encuentra en medio de una lucha difícil sobre su propia identidad.

«Creo que estamos en una batalla», dijo Kinzinger a Jim Sciutto de CNN el lunes. «Y puede ser una batalla que realmente tiene que suceder para que nuestro partido diga ‘¿qué es lo que defendemos?’ No en lo que respecta a la política, sino sobre todo ¿tenemos aspiraciones o somos un partido que se alimenta del miedo y la división?», explicó.

Leal a Trump se lanza como candidata a Arkansas

Dos anuncios del lunes reflejaron en qué medida el ala de Trump sigue en la conducción del Partido Republicano. También mostraron que los miembros del establishment pre-Trump se están desvaneciendo.

El primer anuncio fue de Sarah Huckabee Sanders, exsecretaria de prensa de la Casa Blanca de Trump, quien declaró su candidatura a gobernadora de Arkansas con un comunicado de prensa en el que promocionaba su lealtad al expresidente.

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«Sarah, una confidente de confianza del presidente, le asesoró en todo, desde la estrategia de prensa y comunicación hasta el personal y la política», se lee en el comunicado. «Durante dos años y medio, Sarah trabajó de manera cercana con el presidente, luchando con los medios, trabajando con legisladores y directores ejecutivos, y acompañando al presidente en todos los viajes al extranjero, incluidas decenas de reuniones con líderes extranjeros», agrega. Más tarde el lunes Trump respaldó a Sanders al decir en un comunicado que «es una guerrera que siempre luchará por el pueblo de Arkansas y hará lo que es correcto, no lo que es políticamente correcto».

Otro anuncio revelador

El segundo anuncio vino del senador Rob Portman, republicano moderado de Ohio y veterano de la administración de George W. Bush, quien anunció que no buscaría la reelección en 2022. Esto da lugar a una batalla campal en las primarias en un estado que ha dado un giro cada vez más republicano en la era Trump.

La decisión de Portman de dejar un «asiento seguro te dice que no cree que vayan a mejorar muchas cosas en Washington y es poco probable que logremos la mayoría en el 2022», dijo a CNN un estratega cercano a las recaudaciones de fondos del Partido Republicano.

«Necesitamos a todos los moderados que podamos conseguir», dijo otro estratega republicano familiarizado con la política republicana de Ohio. «Es exactamente el tipo que queremos, y ahora será reemplazado por alguien más ‘conservador’ por ideología o posicionamiento», agregó.

McConnell y Cheney enfrentan críticas dentro del Partido Republicano

Pero «más conservador», o al menos más dedicado a Trump, es exactamente lo que quieren los más leales al expresidente.

Por los problemas actuales del partido, culpan a los republicanos que están demasiado dispuestos a tirar a Trump por la borda después de las elecciones. Eso incluye al senador Mitch McConnell y la representante Liz Cheney, dos líderes en el Congreso que condenaron públicamente a Trump por sus acciones en torno a la insurrección del 6 de enero.

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Cheney, presidente de la conferencia republicana de la Cámara de Representantes, estuvo entre los republicanos de esa cámara que votaron por el juicio político a principios de este mes. Algunos de los aliados más enérgicos de Trump en la conferencia republicana amenazan con despojarla de su papel de liderazgo por ese voto. Y uno de ellos, el representante de Florida Matt Gaetz, irá esta semana al estado natal de Cheney, Wyoming, para hablar en contra de su decisión.

‘Si no vas a pelear, nos merecemos algo mejor’

McConnell, mientras tanto, solo ha esbozado que está abierto a votar a favor de una condena. Sin embargo, eso ha sido suficiente para aumentar la presión de algunos colegas republicanos. Y en dos discursos recientes en el pleno del Senado, el líder republicano criticó duramente las acciones de Trump en el marco del ataque y denunció la mentira propagada por el presidente de que le robaron las elecciones de 2020.

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Todo eso convirtió a McConnell en blanco de las voces pro-Trump en los medios conservadores.

«Mitch McConnell, si no vas a pelear, nos merecemos algo mejor», dijo el presentador de Fox News Sean Hannity la semana pasada. «Puedes volver a representar a la gente de Kentucky y dejar que alguien que sepa liderar, lidere», agregó.

Por lo tanto, muchos republicanos con posibles aspiraciones a la Casa Blanca están actuando con cuidado.

Los senadores Marco Rubio y Tom Cotton, por ejemplo, no se opusieron al conteo de los votos electorales como los senadores Ted Cruz y Josh Hawley, otros de sus colegas ambiciosos. Pero Trump sigue siendo popular entre los votantes republicanos, y la mayoría de las encuestas muestran poco apoyo entre ellos para que se acuse a Trump.

Así que tanto Rubio como Cotton, junto con otros senadores que podrían estar evaluando la posibilidad de postularse para presidente, ya han indicado que no apoyarán la condena a Trump. Esta es una posible protección contra los votantes de las primarias que pueden considerar la lealtad a Trump como un activo en un candidato presidencial.

El partido de Trump en los estados

En algunos estados, los comités del partido y los activistas locales han atacado a quienes no han defendido lo suficiente a Trump. Respaldados por el propio Trump, los republicanos en Georgia han perseguido a sus propios funcionarios electos por no intentar revertir las elecciones. Esto incluye al gobernador Brian Kemp y el secretario de Estado Brad Raffensperger.

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En una declaración posterior a la votación de la Cámara de Representantes sobre el juicio político el 13 de enero, el Partido Republicano de Texas criticó la votación como «frívola y cruel». Y la semana pasada, el Partido Republicano de Oregón emitió una declaración larga y llena de ficciones en la que calificaba los 10 votos republicanos a favor de acusar a Trump como una «traición».

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El caso de Arizona

Durante el fin de semana, el Partido Republicano de Arizona, que acababa de reelegir por un estrecho margen a su presidenta pro-Trump, Kelli Ward, aprobó resoluciones que censuraban a tres de los republicanos más destacados del estado. Se trata de Cindy McCain, el exsenador Jeff Flake y el gobernador Doug Ducey.

Lo que sucedió en Arizona, un estado republicano de larga data que perdió Trump y en el que los demócratas están en ascenso, preocupa a republicanos de toda la vida. Entre ellos a Michael Steel, exasistente del presidente de la Cámara de Representantes John Boehner.

«Si le dices a la gente de Arizona que su gobernador de dos mandatos exitoso y conservador es de alguna manera un problema, te estás condenando al estatus de minoría», dijo Steel a CNN.

Erickson está de acuerdo.

«Un partido que no es lo suficientemente grande para la hija de Dick Cheney, el esposo del secretario de Transporte de Trump, la esposa de John McCain y los gobernadores en funciones de Arizona y Georgia no es un partido lo suficientemente grande para ganar», dijo.

Fredreka Schouten, Jim Acosta y Annie Grayer de CNN contribuyeron a este informe.

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