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El debate sobre las máscaras es muy similar al de los cinturones de seguridad hace décadas. Esta es la historia

Posted August 5, 2020 8:19 p.m. EDT

— (CNN) –– Ponerse el cinturón de seguridad es una reacción instintiva para la mayoría de estadounidenses. Aunque, les tomó más de 60 años llegar a ese punto.

Ahora, en plena pandemia, Estados Unidos no puede tomarse todas esas décadas para lograr que sus ciudadanos y residentes adopten la más reciente medida de seguridad: las mascarillas.

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Tanto las máscaras como los cinturones de seguridad son considerados esenciales para evitar que personas mueran. Ambos son accesorios menores que, al presentarse por primera vez, desataron la oposición de unos pocos que sintieron que resultaban demasiado restrictivos.

Sin embargo, los cinturones de seguridad lograron triunfar. Sí, fue necesario superar obstáculos legislativos durante décadas, encontrar una campaña efectiva y pegadiza (“Click it or ticket”, que en español se traduce a “Clic o multa”) y lograr la aceptación final de los fabricantes de autos para que los cinturones fueran una parte reflexiva de la conducción.

El debate sobre las máscaras se parece mucho a los argumentos a favor y en contra de los cinturones de seguridad que se discutieron en la década de 1990. Esto es lo que podemos aprender de la lucha por los cinturones de seguridad.

Hoy, los mismos argumentos contra los cinturones de seguridad se utilizan para oponerse a las mascarillas.

Décadas para hacer obligatorios los cinturones de seguridad

Parece de cierta manera increíble que el uso de los cinturones de seguridad aún se se estuviera debatiendo hace solo 30 años, en la década de 1990. Sus opositores utilizaron algunas de las mismas tácticas que actualmente implementan quienes rechazan las mascarillas para defender su posición.

“Uno habría pensado: ‘Oye, es legislación de seguridad, eso es fácil’”, dijo el exprofesor de la Universidad de Michigan e historiador, Dan Albert.

Pero no fue así exactamente. El debate sobre los cinturones de seguridad alcanzó su cima varias veces en el siglo XX. Primero fue en la década de 1930 cuando las muertes en carretera aumentaron (para entonces se instalaron cinturones de seguridad en algunos automóviles, aunque su uso no era exigido).

El interés aumentó nuevamente en la década de 1960, con la aprobación de la Ley Nacional de Tráfico y Seguridad de Vehículos Motorizados, que obligaba a los fabricantes de automóviles a instalar cinturones de seguridad y otros equipos de seguridad. En ese momento, solo era cuestión de hacer que los conductores los usaran.

A los estados les tomó casi 20 años más promulgar sus primeras órdenes para los cinturones de seguridad.

El entonces gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, usa un cinturón de seguridad en 1985, un año después de que el estado los exigiera para los conductores.

Los fabricantes de automóviles fueron los principales oponentes de los cinturones de seguridad. Creían que la inclusión de los cinturones afectaría los costos de producción, las ventas de tanques y resultaría en que la conducción pareciera insegura, explicó Albert. En ese sentido, presionaron contra la legislación para los cinturones de seguridad y afirmaron que estos en sí mismos eran inseguros y demasiado restrictivos, además de que los conductores no estaban muy entusiasmados con los cinturones al principio, añadió Albert.

La fase final de la legislación sobre el cinturón de seguridad se forzó en la década de 1980. En 1984, Elizabeth Dole, entonces secretaria de Transporte y luego senadora republicana, puso un ultimátum: los fabricantes de automóviles tendrían que instalar bolsas de aire en todos los coches para el modelo del año 1987, o los estados que representaban dos tercios de la población de EE.UU. podrían aprobar leyes para los cinturones de seguridad.

Poco después, Nueva York proclamó su ley de cinturones de seguridad: fue el primer estado en hacerlo.

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Actualmente, todos los estados excepto Nueva Hampshire exigen cinturones de seguridad en cierto grado, aunque algunos no requieren que los pasajeros en asientos traseros se abrochen el cinturón de seguridad, y otros no multan a los conductores que no lo usan a menos de que hayan cometido otra infracción de tránsito. El uso de cinturones de seguridad a nivel nacional ahora supera el 90%, según la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras, frente al 14% registrado principios de la década de 1980. Y es poco probable que veas una multitud de cientos de personas protestando contra su uso.

“Las personas simplemente adquirieron el hábito de usar el cinturón de seguridad”, apuntó Albert.

Los mismos argumentos en los dos debates

Los argumentos de quienes rechazan el uso de las máscaras son casi idénticos a los que usaron los opositores de los cinturones de seguridad durante años para defender su posición.

Afirmaciones científicas dudosas: como las personas que se oponen al uso de máscaras, los fabricantes de autos y quienes hicieron lobby presentaron afirmaciones turbias acerca de que el cinturón de seguridad podría causar más daños que beneficios.

«¡PELIGRO! Está entrando a la carretera asesina número 1 de la nación. ¡Abróchese el cinturón!»: una señal de tráfico advierte a los conductores que usen su cinturón de seguridad.

Perpetuaron la idea infundada de una expulsión “limpia” durante un accidente de tránsito, cuando sales volando del automóvil, en lugar de quedar atado dentro del vehículo. Ser “arrojado” de manera “limpia” de un accidente se consideraba más seguro que estar atrapado adentro del auto.

Las personas que rechazan las máscaras plantean teorías igualmente no demostradas, como que las mascarillas son ineficaces y obstruyen la respiración, o que los estados están exagerando la cantidad de muertes que reportan para que la pandemia parezca peor de lo que es.

¿Cómo usar las mascarillas correctamente? 5:53

Asuntos de libertad y miedo: algunos consideraron los cinturones de seguridad como una violación de sus libertades personales, un argumento familiar contra las mascarillas.

Los autos representaban libertad. Se suponía que conducir era un acto liberador, no restrictivo (o al menos así era como los fabricantes de automóviles comercializaban sus productos), indicó Albert. El famoso fabricante Harley Earl sostuvo una vez que diseñó coches para que los conductores pudieran tener “unas pequeñas vacaciones por un tiempo”.

Las compañías automotrices temían que esas “vacaciones” terminaran cuando se instalaran los cinturones de seguridad. Atrás quedaría el romance de conducir, reemplazado por el miedo y la precaución sobre los peligros de la carretera.

Un manifestante sostiene un letrero con una máscara facial dibujada y una frase que dice “EL NUEVO SÍMBOLO DE LA TIRANÍA – BOZAL”, frente al Capitolio de Pensilvania en mayo pasado.

“Realmente afectó la idea de estar en tu automóvil”, dijo Albert sobre la perspectiva inicial de los fabricantes. Y el miedo, creía la industria automotriz, destruiría las ventas.

Actualmente, utilizar una mascarilla es un recordatorio físico constante de lo absurdo del mundo en que estamos viviendo: un indicador de miedo, una admisión de vulnerabilidad, analizó Steven Taylor, profesor de psicología en la Universidad de Columbia Británica y autor de The Psychology of Pandemics.

Ponerse una máscara todos los días es reconocer que la vida pública es peligrosa. Esa minoría “muy pequeña pero muy vocal” que se opone a las protecciones faciales no puede aceptar ese sentimiento, añadió.

Lo que se necesitará para que el uso de máscaras sea más extendido

Podemos tomar algunas pistas del debate sobre los cinturones de seguridad que las máscaras sean más populares, consideró Jill Roberts, profesora asistente en la Facultad de Salud Pública de la Universidad del Sur de Florida.

Hacerlas omnipresentes: Primero, si queremos que las personas usen máscaras, necesitamos hacerlas ubicuas, sostuvo.

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Los cinturones de seguridad ahora están integrados en cada asiento de un auto. Si ya está allí, bien podrías usarlo, explicó Roberts. Si las empresas y las escuelas hacen que las máscaras estén disponibles fácilmente, las personas podrían inclinarse más a utilizarlas que si tuvieran que esforzarse para conseguirlas, dijo.

Muchos locales no permiten a sus clientes tener la opción de ingresar sin una máscara. Incluso en estados que no han emitido órdenes para el uso obligatorio de máscaras, las empresas individuales, los supermercados y los parques están exigiendo cada vez más que los clientes se pongan una protección facial antes de entrar o corren el riesgo de que se les niegue el ingreso. Incluso Walmart, el minorista más grande del país con tiendas en estados donde no se exige el uso de mascarillas, ha pedido a los clientes las usen en su interior (aunque la compañía dijo luego que prestaría servicios a clientes sin máscaras).

Muchas empresas ahora exigen que los clientes usen máscaras.

“Si entras allí y eres el 1 de cada 1.000 [sin máscara], entonces eres el paria”, aseguró Roberts. “Básicamente es presión de grupo. Funcionó mucho con los cinturones de seguridad”, completó.

Una aceptación más amplia de las máscaras puede llegar con el tiempo, como sucedió en el caso de los cinturones de seguridad: las mascarillas siguen siendo un accesorio extraterrestre con el que hemos vivido desde abril. Se necesita tiempo para establecer un hábito, pero las personas se adaptan, destacó Taylor, profesor de la Universidad de Columbia Británica.

Sigue insistiendo en los beneficios de seguridad: los expertos en salud pública también pueden repetir lo que hicieron los defensores del cinturón de seguridad y compartir ampliamente estadísticas y hechos. De las 36.560 personas que murieron en accidentes automovilísticos durante 2018 y sabían sobre el uso del cinturón de seguridad, casi la mitad de ellas no lo llevaba abrochado, según los datos más recientes de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras. La agencia también informó que el año anterior, los cinturones de seguridad salvaron más de 14.000 vidas.

¿Ayudan las máscaras a contener el coronavirus? 1:53

También hay amplias investigaciones que apoyan las máscaras: un estudio publicado en junio encontró que las mascarillas y el distanciamiento social son las mejores defensas contra el coronavirus. Las máscaras pueden reducir la transmisión del coronavirus hasta en un 50%, indicó el Dr. Christopher Murray, director del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud. Y al igual que los cinturones de seguridad, utilizar una protección facial puede beneficiar tanto a quien la lleva como a otras personas con las que entran en contacto, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

Roberts dijo que ya ha visto cómo aumenta la aceptación de las máscaras en su Florida natal, donde el gobernador Ron DeSantis se ha negado a exigirlas incluso cuando el estado se convirtió en el epicentro de la pandemia. Ella espera que los pocos que no las usen al final terminen adoptándolas, aun si el estado nunca lo hace.

Al igual que los cinturones de seguridad, las máscaras no son una solución general para los peligros que enfrentamos. Deben utilizarse cumpliendo las pautas de distanciamiento social y evitando las multitudes. También deben llevarse adecuadamente para evitar la propagación de gérmenes.

Pero la conclusión es esta: las leyes estatales mataron el impulso de los oponentes, y el tiempo apagó su pasión.

Según los expertos, eso puede ser lo que se necesita para que los sentimientos en contra de las máscaras desaparezcan.

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